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EL NIÑO Y EL CHARCO

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Ojalá solo tuviera que contar lo sucio que dejan todo cuando vienen de saltar charcos… pero no, esos charcos no me da miedo,  este charco es el otro, el grande, el que que hay que cruzar en avión, por primera vez con un niño de 1 año.

12 horas de vuelo.

No recuerdo si volábamos de día o de noche, es igual, os digo desde ya que si viajáis con niños, casi mejor el vuelo de la noche, que con un poco de suerte, hasta se duerme, y con un grado más de suerte y rozando ya el milagro, duermes tú también.

En mi vuelo cayeron todos, los otros, me refiero. Mi churumbel estaba animándose a dar sus primeros pasicos y nos pasamos una eternidad pasillo arriba, pasillo abajo, intentando no rozar a nadie ni hacer ruido, que vamos, ya quisiera yo que esa hubiese sido una de las 12 pruebas de Hércules, ¡se iba a cagar!

De vez en cuando me sentaba (por suerte no tenía a nadie en el asiento continuo, ni en el otro, acordaos bien de esto), y a base de balanceo, meneo, nananeo y ronroneo intentaba yo en vano que se durmiera…. y tan en vano.

Vomitó.

Mucho y muy fuerte, como vomitan los niños, desde ese núcleo de energía que tienen en el estómago, en proyectil, como una manguera a presión, como un dragón cabreao, cubriendo de mejunje todo su ser, el mío, mi asiento y dos más (imaginaos si llega a haber alguien ahí durmiendo). Otro charco.

De la nada salió un escuadrón de la tripulación y cambió la estampa por unos asientos requetelimpios con una gracia, un salero, y una discreción que vamos, ni en los anuncios se coreografían así de bien ni queda todo tan lustroso. Yo, como buena madre afiliada a los “por si”, llevaba ropa de recambio para el cachorrín, pero… ¿y para la madre? ¿en qué momento todo lo que hay en nuestro bolso empieza a ser para el otro? ¿a nadie se le va a ocurrir diseñar ropa para madres con el material de los trajes anti-radiación? ¿y que se pliegue en 8 como las bolsicas estas nuevas de la compra?

No voy a pedir que imaginéis mi vestido chorreando de pota porque me arriesgo a perder todo el sexapil, pero bueno, os hacéis una ligera idea de que no podía quedarme así, aromatizando un  gran tubo cerrado con cientos de personicas con sus narices apuntando al techo y el efecto dominó que provocan las náuseas…

Me quité el vestido, me puse la mantica del avión en modo toalla, lavé mi ropa en el lavabo y se la pasé a las azafatas… no sé bien cómo, si con el calor de los hornos, con el viento de las hélices, o con una magia “frescor celestial”, pero me lo devolvieron justo antes de encender las luces, sequito, sequito, como si allí no hubiera pasado nada.

El niño se durmió después del vómito, pooooooor supuesto. Yo me pasé el viaje envuelta en la manta, pero bajé del avión “toa peripuesta”, como una señoritinga de pro.

A la vuelta también vomitó.

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10 comments

  1. Eres buena de cojones, colega!! Me has hecho reír un ratito y pensar en que, el jueves, volamos a Mallorca.

    Menos mal que es un vuelo de tan solo una hora… Espero no tener ningún percance como el tuyo.

    Pero, por si acaso, cogeré algo de ropa de recambio también para mí.

    Muchas gracias y un saludo!

    1. Sí, llévate algo, aunque sea un vestidico bien plegao… nunca se sabe.
      Un beso enorme y gracias por el comentario. A pasarlo bien en tierras mallorquinas!

  2. Se que no sé dicen tacos pero solo puedo decir que putada, menudo viaje.

    Mi madre seguro tiene anécdotas de esas dice que de niña vomité siempre en avión, yo recuerdo una vez con 7 años que vomité la pasarela y fue como el Apocalipsis. Mi madre tenía miedo que no nos dejaran subir al avión o algo de la que lié.

    1. Jajaja, no te preocupes, Carla, no fue para tanto, ya te digo que se solucionó como por arte de magia… que podía haber sido un súper desastre y nada, quedó en un desfile de moda íntima en los oscuros pasillos del avión… Pregunta a tu madre, que queremos saber… Yo viajo mucho con los críos, así que por probabilidad me tienen que pasar cosas, de las buenas y las malas, las malas las comparto para que no os pasen a vosotras, las buenas, las dejo que las descubráis en vuestras propias aventuras…

  3. Nuestro hijo mayor se monta en cualquier medio de transporte y ni se entera pero el pequeño… El pequeño es harina de otro costal… Creo que nos vamos a hacer accionistas de Biodramina para que al menos nos revierta en algo el gasto. Por cierto, ¿no hay fotos del momento toalla? Porque seguro que no hay mucha gente que pueda decir que se ha enfundado “sólo” en una manta en un vuelo transoceánico.

    Un saludo

    1. Jajaja, no me quedaban manos para fotos, el peque tenía 1 año y no sé cómo me las apañé para todo… igual alguien más en el avión vio una loca en manta y me hizo foto… menos mal que las redes todavía no estaban en auge… 5 años atrás.
      Besico.

  4. […] en mi familia somos muy dados a abrazar el caos, por eso la historia de mis viajes, como ya dije aquí, podría reflejarse en la historia de mis cagadas. En fin, […]

  5. Vaya tela, menos mal que se te ocurrió lo de la mantita, yo no sé si hubiera tenido el reflejo…

    1. No tenía otra cosa a mano… ains, y menos mal que iba casi todo el avión dormido.
      Besico!

  6. Madre de Dios… yo jamás he llevado nada para mí, pero me lo estoy planteando jejeje

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